La música que escucha el pingüino rojo y sus cuates

LA MÚSICA QUE ESCUCHA EL PINGÜINO ROJO

Dedicatoria





Un pingüino rojo está dedicado a mi hermano Javier, porque me regaló mi primer libro y eso no se olvida; para mi mamá Alejandra, que supo desde el principio que tendría que batallar con mi carácter; para mi papá Fabián, al que apenas conocí pero todavía disfruto y quiero; para mamá Kika, que me malcrió (¡y me gustó!); para mi hermano Fabián y mis primos Alejandro, Gabriel y Willy, que nunca me dejaron solo en tantas y tantas travesuras; para mis hermanas Isabel, Berenice, María Elena y Cecy, que me conocen poco pero nos queremos mucho; para Patricia, Aida, Citlali, Alejandra y Gabriel flaco, primos que aceptaron tener un hermano mayor; para mis niñas Olivia, Ireri y Aranza, que aunque no me leen, están orgullosas de mí; para mis sobrinos Rodrigo, Fabiola, Andrea, Alexis, Angie, Andrei (con todo y mamá), Eduardo y Fabrizzio, por el miedo que tenían al "tío de lentes que inyecta y opera"; pero muy especialmente lo dedico a mis pacientitos que, en mi consultorio o en el hospital, me piden que les cuente uno de mis cuentos; y va también para todos aquellos que no se leen (porque ya es mucho rollo), pero saben que aquí están... Bienvenidos, pues y ¡comencemos la aventura! Nota: de última hora, la pequeña Camila Ixchel decidió acompañarnos... Otra nota: ahora se agregó Sofía Valentina y Austin Manuel. ¡Los amamos, campeones!

sábado, 19 de junio de 2010

(José Saramago y Carlos Monsiváis)

José Saramago (Portugal, 16 de noviembre de 1922 - España, 18 de junio de 2010) escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para "volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía".

Entre sus obras más conocidas se encuentran El evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera.



Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 4 de mayo de 1938 – 19 de junio de 2010). Crítico e irónico, el autor fue según el poeta José Emilio Pacheco, el único escritor "que la gente reconoce en la calle". Fue un gran cronista de la vida cotidiana de los mexicanos, del arte y de sus personajes populares, escribió multitud de ensayos, un libro de fábulas, así como biografías de personajes que han dejado huella en la vida mexicana como Salvador Novo. entre otros.

Entre los premios que ganó se encuentran el Príncipe Claus que otorga Holanda (1998), la medalla Gabriela Mistral que entrega Chile (2001) y el Premio FIL de Literatura de Guadalajara de 2006, así como con un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Arizona (2006).

Algunos de sus libros son Yo te bendigo, vida, Días de guardar, Poesía mexicana del siglo XX, entre otros.

miércoles, 9 de junio de 2010

XIV: En busca del pingüino rojo: unos ojos en la noche

Al final de la jornada, del pingüino rojo sólo teníamos algunas huellas.
―Mañana será otro día –dijo el señor Oliver con el buen ánimo de siempre. En un rato, como todo el campamento, formaba parte del coro de ronquidos.
No supe a qué hora me quedé dormido, pero al despertar había ante mí unos ojos enormes y brillosos, que me miraban fijamente.
―¡Shichh! Soy yo, Piecillos…
―¡Ah! –respondí todavía asustado, al tiempo que la luna asomaba detrás de una nube y Piecillos me hacía la seña de que lo siguiera.
Me condujo al otro lado del campamento y me mostró no sólo una huella de pingüino, sino varias decenas; parece que mientras nosotros descansábamos, una parvada de gordos pájaros rojos se divertía a nuestras costillas.
―¡Es el colmo! ¡Parece que andaban por aquí como si nada! –se sonrió Piecillos.
Seguimos el rastro río arriba hasta la base de un peñasco, donde extrañamente, desapareció entre la arena.
―Qué raro –exclamó Piecillos, las manos cruzadas a la espalda y caminando en círculos.
―¿Será cosa de magia? –pregunté.
―¡Como si un pingüino rojo en el desierto fuera lo más natural del mundo!
―Sí, es cierto –respondí un tanto nervioso. ¿Por qué tenía la sensación de que alguien nos espiaba?

lunes, 17 de mayo de 2010

XIII En busca del pingüino rojo: Bartolino Piecillos

De estatura baja y ojos inquietos, Bartolino Piecillos era lo que se dice un "huellero". No había rastro de animal que no encontrara, sobre todo de conejo, coyote o tlacuache, animales que un día abundaron en la región y que él, siendo niño, seguía por diversión.
Cerró los ojos y las compuertas de su nariz aspiraron el viento calizo del desierto. “Es por allá”, se dijo y echó a andar por la orilla de lo que una vez fue un río caudaloso.
No era extraño ver que  alguien tocara a su puerta y le pidiera encontrar a su mascota extraviada. Una de las historias más extrañas que contaba era la de una anciana que quería recuperar a su cenzontle favorito. Y ahí estaba Piecillos de árbol en árbol, subiéndose a las azoteas y al campanario… para finalmente dar con el pajarillo entre las ramas de un fresno.
Resultaba curioso ver a aquella caravana en fila. Cuando Piecillos se detenía, los demás hacíamos lo mismo metros atrás. Pero las cosas se complicaban un poco cuando el rastro se perdía y debíamos desandar el camino. Luego de un rato de peregrinar sin rumbo, Bartolino se detuvo y nos llamó a su lado.
―¡He aquí una huella! –exclamó satisfecho.
―¡Es verdad! –concordamos emocionados.
Tenía razón: aquella pata marcada sobre la tierra era –después de la palabra de Jave- la primera manifestación que teníamos del extraño pingüino.

lunes, 3 de mayo de 2010

XII En busca del pingüino rojo: Un animal muy esquivo

Jave señaló un montículo de rocas junto al Arroyo Seco.
―Allí  lo vi.
 Como si fuera la señal que esperaba, Bartolino Piecillos se adelantó hasta el sitio indicado. Por un rato se le vio ir de un lado para otro, levantar un puñado de tierra y soltarlo lentamente para comprobar la dirección del viento.
―Es cierto, aquí estuvo. Aún percibo en el ambiente el aroma inconfundible a pollo asoleado–concluyó.
―¡Excelente, excelente! –lo alcanzó el señor Oliver, emocionado-. Llévame a donde está ese pajarito y tendrás a cambio un cinco por ciento más de sueldo.
Un rumor de voces broncas lo hizo reconsiderar la propuesta.
―Está bien, ¡cinco por ciento más para todos!
Piecillos agradeció la promesa con un gesto e indicó al grupo la distancia que debía mantener, pero sobre todo, pidió silencio.
―¡Algo me dice que estamos ante un animal muy esquivo!

sábado, 24 de abril de 2010

(José Emilio Pacheco: Premio Cervantes 2009)

Abrimos un paréntesis en nuestra historia para hacer un sencillo homenaje a José Emilio Pacheco, poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano, nacido en Ciudad de México el 30 de junio de 1939, quien acaba de recibir el Premio Cervantes 2009.
Su obra poética se encuentra reunida bajo el título Tarde o temprano. Algunos de sus textos en prosa son El viento distante y otros relatos, Morirás lejos, El principio del placer y Batallas en el desierto.
Ha sido merecedor de prestigiosos premios como el XVIII Reina Sofía de Poesía, el Octavio Paz, el Pablo Neruda o el García Lorca, entre muchos otros.

He aquí una muestra de su quehacer poético:

MAR QUE AMANECE

En el alba navega el gran mar solo.
Alza su sed de nube vuelta espuma
y en la arena
duerme como las barcas.

De repente amanece,
gloria que se propaga, cotidiano
nacimiento del mundo.

El otro mar nocturno
bajo la sal ha muerto.

Tomado de TARDE O TEMPRANO [POEMAS 1958-2000], Fondo de Cultura Económica, 2000.

El pingüino rojo en el mundo