El gigante alcanzó una estrella y la entregó a su hijo. Satisfecha su curiosidad, el chiquillo la devolvió al firmamento.
Aquí podrás leer poemas, cuentos y otros textos que José Manuel Ortiz Soto ha escrito para niños de 0 a 100 años o más.
La música que escucha el pingüino rojo y sus cuates
LA MÚSICA QUE ESCUCHA EL PINGÜINO ROJO
Dedicatoria
Un pingüino rojo está dedicado a mi hermano Javier, porque me regaló mi primer libro y eso no se olvida; para mi mamá Alejandra, que supo desde el principio que tendría que batallar con mi carácter; para mi papá Fabián, al que apenas conocí pero todavía disfruto y quiero; para mamá Kika, que me malcrió (¡y me gustó!); para mi hermano Fabián y mis primos Alejandro, Gabriel y Willy, que nunca me dejaron solo en tantas y tantas travesuras; para mis hermanas Isabel, Berenice, María Elena y Cecy, que me conocen poco pero nos queremos mucho; para Patricia, Aida, Citlali, Alejandra y Gabriel flaco, primos que aceptaron tener un hermano mayor; para mis niñas Olivia, Ireri y Aranza, que aunque no me leen, están orgullosas de mí; para mis sobrinos Rodrigo, Fabiola, Andrea, Alexis, Angie, Andrei (con todo y mamá), Eduardo y Fabrizzio, por el miedo que tenían al "tío de lentes que inyecta y opera"; pero muy especialmente lo dedico a mis pacientitos que, en mi consultorio o en el hospital, me piden que les cuente uno de mis cuentos; y va también para todos aquellos que no se leen (porque ya es mucho rollo), pero saben que aquí están... Bienvenidos, pues y ¡comencemos la aventura! Nota: de última hora, la pequeña Camila Ixchel decidió acompañarnos... Otra nota: ahora se agregó Sofía Valentina y Austin Manuel. ¡Los amamos, campeones!
sábado, 11 de abril de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
El mago de los cuentos (3)
Un día, en una convención de magos,
preguntaron al mago de los cuentos por qué siempre usaba un libro en lugar de una
chistera, como correspondía a los de su profesión.
—Porque aquí cabe más magia —fue su respuesta.
Acto seguido, auditorio y asistentes desaparecieron.
Nota: si quieres saber qué fue de ellos, ocupan un párrafo de siete líneas en la página 7 del libro El mago de los cuentos.
martes, 24 de febrero de 2015
El mago de los cuentos 2
Todos los niños reían al ver un libro sobre la cabeza del mago, en lugar de sombrero. Pero la risa se volvía admiración cuando, a una orden del mago, salían de entre las páginas conejos, palomas, elefantes, niños...
domingo, 7 de diciembre de 2014
El bosque azul
Un sorprendido caballito de mar dijo a la ardilla:
—¿Qué hace alguien como tú en un lugar
como éste?
—Pregúntale a la niña que me dibujó
—contestó la ardilla trepada en las ramas de un árbol.
Dibujo de Camila
Ixchel: “Ardilla y caballito de mar”.
domingo, 28 de septiembre de 2014
El Bosque Secreto (2)
Cuando desperté, papá no estaba. Tuve mucho miedo y quise gritarle que volviera, pero eso habría asustado a
los animales fantásticos que vinimos a buscar. Entonces vi delante de mí a un ser enorme: las
nubes le llegaban a las rodillas y el sol parecía al alcance de sus manos.
—No te asustes —me dijo con una vocecita de trueno contenido—: en este instante, tu padre sigue de cerca el rastro del último unicornio que vive en el bosque;
volverá más tarde. Somos viejos amigos y me pidió que te hiciera compañía.
El gigante me contó
que en sus momentos de soledad, que eran muchos porque el tiempo allí iba más
lento (un segundo suyo equivalía a un año de nosotros), no le habría importado
ser una partícula del viento que le picaba en la nariz o ir en busca de otros
gigantes. Veía a las parvadas de aves que anidaban en su barba e imaginaba ser una de ellas.
—O de menos ser uno de
esos seres diminutos, como tú, que suben en fila hasta mi cabeza y al partir se
llevan trocitos de mi pelo. ¿Qué caso tiene ser tan grande y estar detenido o perdido en el tiempo? —me decía.
El
gigante no recordaba que alguna vez se hubiera apartado un solo paso del sitio en donde estaba.
Lo miré con atención y vi que todo pasaba junto a él: el sol, la luna, las estrellas, la noche y el día; las
aves y los bichos, como nos llamaba, que a veces lo visitaban.
—¿Entonces qué soy?,
¿qué hago aquí?, te preguntarás. Para la mayoría de la gente soy tan solo una
montaña, como aquellas que vez a la
distancia. Para algunos elegidos, soy un gigante.
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